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domingo, 25 de marzo de 2012

La Princesa Espectral cap.14

¡Hola! Sí, ya se, he tardado mucho en poner este capítulo. Pero estamos a final de trimestre y los profesores han concentrado todos los exámenes en estas dos o tres semanas. Y claro un día examen y al otro también... ¡una no tiene tiempo de escribir! Además de tanto empollar mi cerebro se ha frito. En serio. Llegó un punto en el que me empezó a salir humo por la orejas porque mi cerebro estaba ardiendo. Pero ahora se han acabado (por decirlo de alguna manera) y me he puesto a escribir. Así que no me enrollo más y aquí os dejo el capitulo 14 de La Princesa Espectral.

Desperté en mi habitación. Bueno, la habitación de Lisa.
Me incorporé y me dirigí al espejo colgado de la puerta que daba al pasillo.
En el espejo vi reflejado el cuerpo de Lisa. Tenía los ojos rojos e inflamados, cosa que indicaba que había estado llorando recientemente.
Volvía a ir vestida como Lisa. Y llevaba esas horribles gafas rojas que me hacían la cara más regordeta de lo que la tenía en realidad.
No me gustaba ese aspecto. Me gustaba más ser Violet.
Violet era preciosa y Lisa…Lisa era Lisa.
Sentí la tentación de darle un puñetazo al espejo. Pero no necesitaba siete años de mala suerte. Ya bastaba con la que tenía.
Así que me aparté del reflejo y di un rodeo por la habitación.
Había dormido allí toda mi vida. O, al menos, así lo recordaba.
Había bailado allí dentro. Había reído, llorado y gruñido en esa habitación. Aquella estancia, había sido mi refugio para apartarme del mundo durante unos instantes. Pero ya no la sentía mía. Ya no era mía. Era de Lisa. Igual que todo lo demás en esa casa.
“Aunque te cueste, tienes que actuar como si no hubiera pasado nada. Como si nunca hubieras venido a este universo. Nadie tiene que saber de la existencia de este mundo ¿Me oyes, Violet? Nadie” había dicho Corbus mientras nos dirigíamos a palacio. “OK” le había contestado yo. Y así debía hacerlo.
Entonces, no sé por qué,  me acordé de Ezequiel. El tampoco era mío. Era el amigo de Lisa, no el mío.
Todo se hacía un lio en mi cabeza. ¿Y como había desaparecido en aquel callejón? ¿Era mago o algo por el estilo? “Tengo que preguntárselo mañana en el instituto” pensé.
Después, abrí la puerta de la habitación y me preparé para encontrarme con mi supuesta familia.


Take me by the tongue
And I’ll know you
Kiss me ‘till you’re drunk
And I’ll show you
All the moves like Jagger
I’ve got the moves like Jagger
I’ve got the moooooves like Jagger

No era la canción que más me apetecía escuchar en ese momento. Era demasiado movida para mi estado de ´
ánimo. Pero “Moves like Jagger” de Maroon 5 perecía ser una canción que nunca pasaría de moda.
Eran las siete y cuarto de la mañana y papá y yo estábamos camino del instituto.
Paramos delante de la gran puerta del edificio, justo cuando Christina Aguilera hacía su gran entrada en la canción.
-Pásatelo bien, cielo- me dijo mi padre cuando abrí  la puerta del coche.
-Lo intentaré- le contesté todo lo sonriente que pude- adiós.
-Hasta luego.
Y cerré la puerta. Pero no entré en seguida. Me quedé un rato observando como el BMW negro de mi padre se alejaba. Era triste. Muy triste. Había estado pensando en él como “mi papá”. ¡Pero cuanto le quería! Y ya no sería nunca más mi papá.
Aparté la mirada para no romper a llorar.
Además tenía cosas que hacer. Tenía asuntos que aclarar con el señorito Ezequiel.
Cogí aire y entré en el enorme edificio.


La clase de Matemáticas se hizo muy larga.
Maite, la profesora, tuvo que parar la clase como cincuenta veces por culpa de los tres idiotas de turno. Y encima, nos puso el doble de deberes de los que había previstos. Ya lo dice mi abuelito: “Siempre pagan justos por pecadores”.
Ezequiel llegó tarde y por eso no habíamos podido hablar antes de entrar en clase. Pero no perdería mi oportunidad al sonar la campana. Las preguntas me ardían en la cabeza.
Miguel, como siempre, miró su reloj y empezó la cuenta atrás.
Cinco…cuatro…tres…dos…
-Riiiiiing.
Todos salieron despavoridos de la clase como si dentro del aula no hubiera aire y tuvieran que salir fuera para respirar.
En cambio, Ezequiel y yo, éramos todo lo contrario. La clase era nuestra fuente de oxigeno personal.
Era mi momento. ¿Pero como se lo decía? ¿Y si pensaba que había sido una entrometida al seguirle? ¿Y si se enfadaba? “¿Y si te preocupas demasiado, Violet?” me dije a mi misma. Y me sorprendí. ¿Violet?
-¿Estas bien?- me preguntó Ezequiel.
-Sí, sí. Solo pensaba- el respondí.
-¿Y en que pensabas?
Hablar o no hablar ¡esa es la maldita cuestión! Pero no tardé mucho en decidirme cuando Ezequiel puso su mano sobre la mía. ¿Y ese escalofrío? Que sensación tan extraña.
-Pensaba en…en que tenía que preguntarte una cosa.
-Y…¿Qué querías preguntarme?
-Pues… que ayer…te vi corriendo…y te seguí.
Ezequiel dio un pequeño salto sobre la silla. ¿Tan sorprendente era lo que acababa de decir?
-Entraste en un callejón y cuando entré yo… no estabas. Te habías esfumado. Y la pared que cerraba el callejón era enorme. ¿Por dónde saliste?
Ezequiel tenía los ojos como paltos. Quizás no tendría que haberlo dicho. Ahora se enfadaría conmigo y perdería a mi único amigo (en este universo). Esto demuestra como todo se puede ir al traste en un segundo. Y digo “al traste” por no decir otra cosa.
-Pues muy sencillo- dijo Ezequiel, más relajado- Había una puerta.
-No es verdad- contesté- allí no había nada.
-Sí que la había. Pero esta camuflada. Da a la casa de mi tío. Es un apasionado de la magia y le gusta hacer estas cosas raras.
-Oh, que…guay. Me gustaría verlo.
-Claro, algún día.
-¿Enserio?
-Claro.
Ezequiel y yo sonreímos y justo después entraron nuestros compañeros de clase, seguidos por Gabri el profesor de Naturales.
-Tan guapo como siempre- oí que le susurraba Sara a una de sus amigas/secuaces.
¿Pero qué le veían a ese tío? Y no solo al profesor de Naturales. También decían lo mismo de Carlos y del profe de Educación Física. Estaba claro que no yo no era la única que necesitaba gafas para ver bien.
Bueno, vale, puede (y solo puede) que fueran un poquitín guapos. Pero solo un poquitín. ¡Pero si más de la mayoría tenían más de treinta años! ¡Charlie o Ezequiel eran más guapos! ¡Mucho más guapos!
-Bueno chicos…y chicas- comenzó Gabri- primero quiero presentarme al nuevo alumno. ¿Quién es Ezequiel?
-Soy yo- contestó mi compañero de pupitre, levantando la mano.
-Bien, Ezequiel, yo soy Gabri, el profesor de Naturales. Espero que en tu antiguo instituto ya hayas estudiado las partes de una célula.
-Sí, señor- respondió Ezequiel.
-¡Genial! Pues entonces no tendrás problema alguno para seguirnos el ritmo. Ah, otra cosa…no me llames “señor” por favor. Me hace sentir viejo ¿sabes?
Toda la clase empezó a reír.
-Sí, se…quiero decir, Gabri.
El profesor asintió con la cabeza, cogió el libro de texto y empezó a escribir en la pizarra.

lunes, 5 de marzo de 2012

Casi, casi, Romeo y Julieta.


Ya puse el adelanto de esta historia y aquí dejo el primer capítulo. Espero que os guste :) 
         
Rubio. Ojos castaños. Sonrisa enigmática. Paul Stavonna era el típico guaperas de la clase que tenia a todas las chicas detrás de él.
Para las chicas que le rodeaban, su único defecto era el llevar camisa. A muchas les encantaría descubrir lo que se escondía detrás de esa prenda.
A Paul le encantaba esa atención que le prestaban. ¿A que chico de dieciséis años no le gustaría?
Se sentía importante. Con poder. Estaba seguro de que podría conseguir a cualquier chica. Y también estaba seguro de que en su vida rompería más de un corazón. Pero no le importaba lo más mínimo.
Aunque había una cosa de la que estaba totalmente convencido: el nunca se enamoraría.
Nunca se había enamorado ni pensaba hacerlo. Estaba convencido de que el amor solo le traería problemas, al igual que a esas chicas que harían cualquier cosa por salir con el. Vender su alma de aquella manera ¿no era un problema?

Era el primer día de clase después de las vacaciones de verano. Paul estaba emocionado. Por fin empezaba el bachillerato. Pero también estaba asustado.
Su primo mayor le había dicho que era mucho más difícil que la ESO. Pero claro, un chico como él nunca mostraría sus verdaderos sentimientos. Y menos el miedo.
Aunque no hicieron mucha cosa. En el primer día de clase después de las vacaciones de verano, siempre se hace lo mismo: los profesores se presentan, se comenta lo más importante que sucederá en el curso que queda por delante y bla, bla, bla.
Lo único diferente fue la presencia de un alma nueva. Es decir, un alumno nuevo en la clase.
Era una chica. De pelo largo, liso y rubio. Sus ojos eran tan azules como el mismo mar. Imponentes. Y sus labios ligeramente pintados parecían golosinas.
Alta y de cuerpo esbelto, hacia suspirar a los chicos i daba envidia a las chicas.
Desde que la vio entrar en la clase, Paul no podía apartar su mirada de ella. Era realmente preciosa. Nada que ver con las otras chicas que, si se quitaban los quilos y quilos de maquillaje que llevaban encima, se parecían a la hermana fea de Shrek.
Tenia que conocerla. Hablar con ella. Estaría bien tenerla en su lista de conquistas.
De pronto la nueva se levanto para tirar un papel a la basura y Paul no pudo evitar mirarla.
         -Tiene un culo precioso ¿eh?- le susurró alguien a Paul.
Era Mark, su compañero de pupitre y su mejor amigo.
         -Sí, está bien-contestó Paul. Aunque en realidad ni se lo había mirado. Y se extrañó al pensarlo.
         -¿Crees que será una de tus próximas conquistas?- le preguntó su amigo.
         -No lo creo Mark…
         -Riiiiiiiiiiiiiiing- el timbre sonó.
         -…Lo sé- finalizó Paul.
Los dos amigos recogieron sus cosas y salieron del aula. Era el primer día y solo tenían dos horas de clase así que ya podían irse a casa. Pero Paul tenía que hacer algo más importante.
Le dijo a Mark que se adelantara y le quiñó un ojo. El chico pareció entender y se marchó.
Entonces Paul echó una ojeada al interior del aula. Aún estaba allí. Recogiendo sus cosas. “Ahora es el momento” pensó Paul y entró en el aula.
         -Hola-dijo.
La chica pareció asustarse por el inesperado saludo.
         -Humm… hola-respondió tímidamente.
Pero de repente Paul se puso muy nervioso. ¿Qué le pasaba? ¿Qué era ese hormigueo en el estomago? ¿Y por qué se le aceleraba el corazón? Nunca se había sentido así hablando con una chica. No era él el que se ponía nervioso. Eran ellas. ¿Por qué se ponía nervioso? No podía hablar.
         -¿Te…te has dejado algo?- le preguntó la chica.
         -S…sí-le respondió Paul que notó como se le encendían las mejillas.
         -¿Y no vas…a cogerlo?
         -Bueno…en realidad yo…- a Paul, por primera vez en su vida se le atragantaban las palabras delante de una chica- yo venía a verte a ti. 

Y aquí el fin, del capítulo. Quiero dejar mi correo (imaginacionST@hotmail.com) por si queréis mandarme, yo que se, cartas de fans o cosas así (lo se, me lo tengo muy creído). No se cuando pondré el siguiente capítulo de esta historia porque voy a dedicarme más a La Princesa Espectral. Pero lo pondré...

domingo, 4 de marzo de 2012

Historias de mi hermano

Ayer fui al cine com mi padre y mi hermano pequeño. Vimos "Ghost Rider: espíritu de venganza". 
Cuando volvíamos a casa (debían ser las 22:30, cuando salimos del parking), mi hermano empezó a contarnos historias sin pies ni cabeza pero muy divertidas (sobre todo si las cuenta con esa voz tan adorable de niño de seis años). Entre ellas están la que os voy a contar ahora y "Ghost Snail (Caracol Fantasma)", que será un autentico taquillazo y, como no, solo en los mejores (peores) cines. 
Bueno, a ver que os parece "El parque encantado".

La leyenda dice que, en el parque que está en medio de San Francisco, hay un fantasma que tiene forma de queso.
Un día, un par de niños y niñas, fueron a ese parque. Un niño descubrió al fantasma y, cuando estaba jugando en la arena, la tierra le arrastró hacia abajo y fue trasladado al universo de los topos.
Topo-gruñón, un topo que siempre estaba de mal humor, le pegó una torta. Pero vino un topo que se llamaba Topo-miedoso y, mientras temblaba, le dio una bombilla.
Esa bombilla podía eliminar a los fantasmas.
Después el niño se fue a una maquina que le llevó a donde estaba el fantasma con forma de queso y lo eliminó.
La  madre del fantasma-queso se enteró y fue a ver al niño. Y resulta que la madre del fantasma-queso, era un pollo frito.
La madre vio que el niño tenía una bombilla para eliminar a su hijo. Así que la madre-pollo frito mató al niño, le puso en una tumba y le convirtió en una patata frita.
Después, el niño revivió y vio que era una patata frita. Y como era una patata frita tenia miedo de que le pisaran. Así que se compro, en una tienda de hormigas, una moto.
Fue a la escuela de conducción para patatas y aprendió muchas cosas.
Cuando volvió de la escuela de conducción, recorrió todo el mundo hasta llegar hasta París (y mira que estaba en Mallorca). Fue hasta París para también poder esconderse en las alcantarillas.
En las alcantarillas encontró un zapato que se llamaba Manuel.
El zapato Manuel sabía que hacer cuando te hechizaban porque él, en realidad, era una persona. Y además conocía más manjares  y más prendas (y no eran camisetas, ni calzoncillos, ni pantalones).
También conocía al Gran Sabio, que era un bocata podrido.
El Gran Sabio sabía mucho conjuros poderosos. Pero también sabia uno para volver a la normalidad. Pero había un problema.
Esa conjuro solo se podía hacer en la montaña más alta que estaba en Roma (Nota: mi hermano no sabe que la montaña más alta es el Everest ni que está en Asia. No se lo tengáis muy en cuenta). Pero ellos estaban en París.
Pero por suerte, la moto de la patata frita, tenía un carro.
Ese carro solo podía llevar dos personas. Así que iba genial con ellos dos.
Y juntos recorrieron muchos peligros. Pero llegaron.
Pero justo cuando llegaron, una croqueta le advirtió: “¡Por aquí hay muchos ladrones de bocatas, patatas y zapatos!”
Así que el zapato Manuel tuvo una idea: “¿Por qué no nos disfrazamos de champiñones?”
La patata frita dijo en voz alta: “¡Buena idea! ¡Vamos a comparar los disfraces de champiñones!”
El Gran Sabio dijo en voz alta también: “¡Bien!”
Solo encontraron una tienda y era la de Patito Ganso.
Patito Ganso era muy bromista y les dijo: “Para conseguir estos tres disfraces de champiñones, tendréis que quitarme esta mariquita del hocico”
Los tres amigos le quitaron la mariquita y  Patito Ganso les dio los disfraces de champiñones.
Se los pusieron  y fueron a la montaña más alta.
La encontraron y subieron escalando. A media montaña, se cansaron de escalar y vieron…¡un ascensor!
Subieron al ascensor y llegaron a la cima.
El Gran Sabio se preparó para conjurar. Y cuando conjuró el hechizo se dieron cuenta de que la patata frita era un niño.
Los otros dos salieron pitando porque pensaban que él era su enemigo.
Pero el niño les dijo: “¡No soy vuestro enemigo! Por haberme ayudado, os doy de todo corazón las gracias.”
Así que fueron al parque, encontraron la bombilla y mataron a la madre del queso fantasma.
Después, el Gran Sabio, les dijo: “Os tengo que contar la verdad. En realidad yo soy…un humano. A mí, me dio curiosidad una casa así que entré y me encontró una bruja y me hechizó convirtiéndome en un bocata. Y así es como me convertí en lo que soy ahora.”
Después, el zapato Manuel dijo: “A mí también me hechizó una bruja.”
Y el niño dijo: “¿Por qué te hechizó?”
Y el zapato Manuel contestó: “Porque fui al cementerio y toqué la tumba de una bruja. La bruja, que estaba medio viva, hechizó la tumba, antes de que yo la tocase. Y así me convertí en zapato.”
Y el Gran Sabio dijo: “¿Por qué no nos hechizamos?”
Y el niño dijo, otra vez: “¡Buena idea!”
Y el Gran Sabio, como habían estado en la montaña y habían leído un monumento, dijo: “Os transportaré a la montaña.”
Y el zapato Manuel dijo: “¡Sí!”
Así que, el Gran Sabio, los transportó.
Cuando llegaron a la cima de la montaña, el Gran Sabio conjuró el hechizo y los dos llegaron a ser normales y volvieron al parque.
Después, el Gran Sabio, dijo: “Presiento que alguien se acerca.”
Así que los tres salieron corriendo hasta llegar a un bar y les sirvieron, un café a Manuel, una cerveza al Gran Sabio y una limonada al niño.
Después de refrescarse, fueron a la casa de un amigo del niño y  le dijeron: “Antes estábamos hechizados, pero este Gran Sabio, nos volvió a hechizar y ahora ya somos normales.
Y su amigo le dijo: “Pues que bien. Adiós.”
Y el niño dijo: “¿Nos vamos a mi casa?”
Y los demás dijeron: “¡Síííí!”
Pero cuando estaban a medio camino de la casa del niño, apareció un dragón y, como era muy débil, los tres le pegaron una colleja. Y el dragó se hizo tanto daño que salió pitando.
Llegaron a casa del niño y todo vivieron felices y comieron perdices.

FIN

Ya he dicho que no tiene ni pies ni cabeza. Pero mi hermano tiene seis años. Cuando crezca ya mejorará. Supongo.
Comentad ¿eh? que a mi hermanito le hace mucha ilusión :)