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domingo, 3 de junio de 2012

La Princesa Espectral cap.15


Hooooolaaaaa. Buff, cuanto tiempo sin entrar en el blog. Y sin publicar nada. Pero no es culpa mía. Es culpa de los exámenes. Pero ya se acaba el instituto y tendré mucho más tiempo. Tengo que terminar el libro de una vez. Tanto retraso no puede ser. Bueno, ya se verá. Ahora os dejo el  capítulo 15 de La Princesa Espectral. ¡¡A leer!!

Última hora. Por fin. Solo faltaban cincuenta i cinco minutos para la libertad. Y la impaciencia que sentían las almas adolescentes del centro se notaba en el aire.
       Ezequiel y yo no éramos menos. Pero lo vivíamos de forma diferente.
       Mientras nuestros compañeros de clase se paseaban por los pasillos buscando a sus amigos, nosotros esperábamos dentro del aula.
       -¿Qué tenemos ahora?-me preguntó Ezequiel.
       -Inglés-le contesté.
       -Jo.
       -¿Qué? ¿no te gusta?
       -Sí me gusta. Lo que no me gusta es el profesor.
       -¿Carlos? ¡Pero si es genial!
       -Ya, bueno, porque tu eres su “enchufada”. A mí, cada vez que nos cruzamos por el pasillo, me mira como si quisiera matarme.
       -¡Vamos! No digas tonterías. Si Carlos no mataría ni a una mosca. Serán imaginaciones tuyas.
       -Eso es lo que tu crees. Pero yo se lo que he visto.
       De repente, todos nuestros compañeros entraron en el aula, seguidos de Carlos. “Hablando del rey de Roma” pensé. Pero era extraño. Parecía enfadado.
       Dejó sus cosas sobre su mesa y dijo.
       -Bien, chicos. Ya se que es última hora y que estáis nerviosos por iros de aquí. ¡Pero no quiero cachondeo! ¡¿Entendido?!
       Todos los presentes asentimos con la cabeza. Sinceramente, daba miedo. Nunca le había visto así. Y hacía tres años que le conocía.
       -Bien. Sacad el libro y empecemos.
***
       La explicación duró menos de lo habitual. Quizás fue porque, a diferencia de los otros días, nadie dijo nada durante los veinte minutos en los que el profesor Carlos estuvo hablando.
       Después nos mandó los deberes. Nos puso dos páginas enteras con quince ejercicios en cada una.
       Sí, definitivamente, estaba cabreado. ¡Casi le pega un tortazo a uno de mis compañeros por levantarse a tirar un papel a la basura!
       No soportaba verle así. Sus ojos llenos de vida y alegría que en muchas ocasiones me causaban envidia, ahora estaban apagados i la rabia podía leerse perfectamente en ellos. ¿Qué le pasaba? Tenía que preguntárselo. Si él cada vez que me veía triste me preguntaba lo que me ocurría, yo no iba a ser menos en el caso inverso.
       Y me iba a levantar para ir a hablar con él. No me importaba si me ponía una amonestación. Era mi amigo y no me iba a quedar de brazos cruzados ante aquella situación. Pero me detuve.
       Todo empezó a volverse borroso. Me costaba respirar. El corazón me latió con fuerza en un principio pero se iba apagando lentamente. Y sabía por qué. “O no. Ahora no. Aquí no” pensé “¡No puedo desmayarme en medio de la clase!”.
       -Lisa ¿estas bien?-me susurró Ezequiel.
       -Tengo que salir de aquí- susurré- ahora.
       Entonces me levanté, con tanta brusquedad que la silla en la que me sentaba cayó al suelo llamando la atención de mis otros compañeros de clase y de Carlos. Corrí hacia la puerta como pude. La abrí y empecé a correr por el pasillo hacia la puerta de salida.
       -¡Lisa!- oí que gritaba Carlos.
       Me giré y vi que me estaba persiguiendo. “¡Lo que me faltaba!” pensé. Y empecé a correr todo lo rápido que pude. Era difícil porque casi no podía respirar y lo veía todo cada vez más borroso.
       Por fin llegué a la puerta de salida. Los pasillos del instituto nunca me habían parecido tan largos. Pero Carlos aun me seguía.
       Salí del edificio y me encontré en el patio. La gran barrera que separaba el interior del instituto de la calle estaba solo a unos metros de ahí.
       Intenté correr hacia ella. Pero no pude. Mi cuerpo ya no respondía.
       Caí de rodillas al suelo con las dos manos oprimiéndome el pecho y Carlos pronto estuvo a mi lado para cogerme.
       -¡Lisa! ¡¿Qué te ocurre?!
       Realmente estaba preocupado. Pero como no iba a estarlo. Estaba a punto de desmayarme en sus brazos. Le miré a los ojos y antes de que la luz blanca de siempre me engullera le susurré:
       -Escóndeme.
       Y cerré los ojos.

4 comentarios:

  1. jolines isa porfa quiero q lo sigas :(

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    1. Es que no se como!! La inspiración es de lo más traicionera!!!

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    2. eso es lo mismo que me pasa a mi :) jeje

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    3. Tenemos que buscar una forma de contactar con la Inspiración para pedirle explicaciones. Esto no puede ser!!!

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