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sábado, 18 de febrero de 2012

Una nueva historia.


Es muy corta pero es solo un adelanto. Puede que la escriba junto con La Princesa Espectral, para cambiar un poco de aires (y que no sean historias de un solo capitulo com Cuentan por los pasillos). Espero que os guste.

Esos ojos azules.  Tan azules como el mismo mar. Imponentes como sus olas. Apacibles como el ruido de sus aguas en calma.
Era bonito contemplarlos, aunque ahora ya no tuvieran vida.
No pudo evitar soltar una lágrima, que poco a poco fue deslizándose por la mejilla de Paul hasta caer sobre el rostro pálido y frio de Francesca.
Estaba arrodillado ante ella. No quería cerrarle los ojos. Quería contemplarlos un rato más.
Estaba avergonzado por lo que había hecho. Muy avergonzado. Pero si él no podía tenerla, nadie podría.
Eran pensamientos egoístas. Él no tenía ningún derecho a quitarle la vida. Pero la amaba tanto. Tanto que hasta le dolía.
¿Quién dijo que los adolescentes de hoy en día no conocen lo que es el amor? Que solo se guían por lo físico. Nunca nada más. ¡Todo una sarta de mentiras!
Él a sus dieciséis años conocía y hasta sufría el amor. Para él el amor era lo que le hacia enloquecer de aquella manera. Era lo que no le dejaba dormir. Era lo que le había llevado a obsesionarse por aquella chica. Aquella chica que, unas semanas atrás, le cambió la vida.

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Pronto, pero es que aun no tiene nombre. Mira que soy buena con los títulos. Pero este se me resiste. Que mal.

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