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martes, 28 de febrero de 2012

La Princesa Espectral cap.13


Bueno, por fin, el capitulo 13. No es de mucha acción que digamos. Pero espero que os guste.

Por la mañana, Charlie se había ido. Supongo que no querría encontrarse conmigo después de lo que ocurrió la noche anterior. El “casi-beso”.
Por lo contrario, Bob y Susan sí estaban en casa. En la cocina más concretamente.
Al entrar, los dos me dedicaron una amplia sonrisa. Susan ya le habría explicado a su marido lo que vio la noche anterior al entrar en mi habitación.
Por alguna extraña e incomprensible razón, todos los personajes de Monster Necklace querían que Charlie y Violet acabaran saliendo juntos. Yo también lo quería, por supuesto. Pero ahora empezaba a entender lo mucho que sufrían cuando sus amigos les presionaban todo el tiempo para que dieran el primer paso.
-¡Buenos días, Violet!- exclamó Bob.
-¿Tienes hambre?- me preguntó Susan.
-Sí, gracias- respondí.
Me senté en la mesa. Mis anfitriones seguían observándome con una gran sonrisa. “¿Por qué no sacáis una foto?” pensé “¡Os durará más!”
Susan me sirvió chocolate caliente dentro de una taza rosa con tres corazones uno al lado del otro y debajo de ellos la frase “I love you” escrita en letras bien grandes. Como si quisieran restregármelo por la cara.
Bebí un trago y, obviamente,  me quemé la lengua. ¿Por qué digo “obviamente”? Pues porque el mismo nombre lo dice “chocolate CALIENTE”. Pero en aquel momento no me acordé de ese detalle.
-¿Estas bien?- preguntó Bob.
-Sí, sí- respondí- es que me he quemado con el chocolate.
-Huy, los siento. Lo acababa de preparar y aun no debía de haber enfriado- intervino Susan.
“No me digas” pensé “Ni mi lengua ni yo nos habíamos dado cuenta”.
-¿Dónde esta Charlie?- pregunté para cambiar de tema.
-Se ha ido a entrenar- contestó Bob- Ya sabrás que los Cazadores de Sombras necesitan entrenarse diariamente para estar en forma. Pero tranquila, volverá en un par de horas.
-Ah, vale. ¿Y que haremos nosotros mientras tanto?
-Bueno, el Rey y la Reina Espectral vendrán a buscarte dentro de media hora.
-¿Para qué?
-Van a devolverte al otro universo.
-¡¿Enserio?!
-Sí. El Rey quiere hacer unas pruebas.
-¡Pues voy a cambiarme ahora mismo!
Cogí la taza de chocolate caliente y me la bebí de un trago. Volví a quemarme. Pero ya no me importaba. Iba a volver a casa. Estaba emocionadísima. Y aunque mis padres ya no fueran mis padres, yo les quería y quería volver a verles.

Cuarenta minutos más tarde, aproximadamente, ya estaba en el palacio del Rey y la Reina Espectral.
Sentada en unos de los enormes sofás de la biblioteca, esperaba impaciente a que Corbus encontrara el libro de hechizos que necesitaba.
Estaba subido a una enorme escalera con la que se podía llegar hasta el estante más alto de aquellas majestuosas estanterías.
Parecía estar muy tranquilo a pesar de la altura. Seguramente subía hasta allí arriba varias veces al día. Yo también lo haría si tuviera un biblioteca como aquella para mi sola.
Tantos pensamientos, historias, ideas, leyendas, poemas, mitos… y todos reunidos en un mismo sitio. Nunca dejaría de sorprenderme al entrar en aquella habitación.
Corbus por fin encontró lo que buscaba. De entre miles de libros, sacó uno grueso, viejo y verde. Le dio un soplido para quitarle el polvo y silbó.
No entendí ese último acto hasta que, en una de las pocas paredes en la que no había una estantería, se abrió mágicamente una puerta y de ella salió un hombrecito (de no más de un metro de altura y con una enorme barba que le llegaba hasta los pies) que se dirigió hasta dónde se encontraba la escalera a la que estaba subido Corbus.
Cuando el hombrecito se hubo colocado en posición, Corbus dejó caer el libro. El hombrecillo lo atrapó hábilmente.
Se dirigió hasta donde estaba yo, dejó el libro sobre la mesita de madera y me miró. Yo le sonreí. Él se puso rojísimo y al darse cuenta del color que había adoptado su cara, bajó la cabeza y se dirigió lo más rápido que le permitieron su pequeñas piernas hasta el lugar del que había salido. La puerta se cerró y el hombrecito desapareció.
Antes de que pudiera decir palabra, Corbus ya había bajado de la escalera y se dirigía hacia mí.
-Ese es Mathew. Normalmente no es tan tímido. Aunque supongo que no está acostumbrado a tratar con muchachas tan bonitas como tú. No hay muchas por aquí ¿sabes?
-¡Te he oído!- sonó la voz de Margaret desde el otro lado de la puerta de entrada.
-¡Vaya! ¡no sabía que las paredes tenían oídos!- exclamó Corbus.
No hubo respuesta. Todo quedó en silencio y yo no pude evitar que se me escapara un risita.
-Bueno- suspiró Corbus- empecemos. Tienes que decirme la hora, el día, el mes y el año en el que te encontrabas antes de tele transportarte. Así cuando aparezcas allí, como será en el mismo momento en el que desapareciste, no habrá pasado nada y tus padres no se habrán dado cuenta de tu escapismo.
-Creo que eran las cuatro y cinco del veinte de marzo de 2012.
-Muy bien.
Corbus abrió el libro casi por la mitad. Sabía exactamente en que pagina se encontraba el hechizo deseado. Recorrió la hoja con el dedo y cuando lo encontró, le dio un golpe seco.
A continuación se puso recto, cerró los ojos, extendió las manos sobre el libro y se quedó callado.
Entonces dijo con una voz gravísima:
-Transponunt universo.
Mi corazón se paró. Mis pulmones no cogían aire. Mi boca no podía articular palabras. Y como la última vez, una luz blanca me engulló entera.

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