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martes, 14 de febrero de 2012

La Princesa Espectral cap.12

Hoy es San Valentín, amigos mios. Y por eso, os dejo aquí, uno de los capítulo más románticos y a la vez de los más trágicos de la historia (al menos para mí. He llorado. Que patética soy). Sería lógico que dedicara este capitulo a todos los que tienen a alguien con quien pasar este día. Pero mejor se lo dedico a la gente que, como a mí, Cupido aun no les ha clavado una de sus flechas.

En diez minutos estuvimos de vuelta. No fue difícil escabullirnos de la fiesta ni tampoco entrar en mi casa. Sí, he dicho MI casa. Porque es MI casa. Que orgullosa me siento de mi misma.
Tengo que reconocer que Dorothy y Nancy, habían hecho un autentico milagro. No parecía en absoluto la Violet de siempre.
Habían cambiado mi mono vaquero y mi jersey rojo por unos vaqueros negros y un jersey lila que dejaba descubierto un hombro. Y mi pelo… Dorothy me había quitado las trenzas y me había peinado para que mi pelo quedara ondulado y no sé que cosa rara encontró en el baño que me dejó el pelo muy brillante.
En definitiva…¡estaba preciosa!
Al volver a la fiesta (por tercera vez consecutiva en un solo día) iba a hacer una entrada “espectacular”.
Dorothy hizo que todos los invitados se reunieran en el salón. Después se subió a una mesa y anunció:
-Amigos y amigas. Os comunico que yo, Dorothy Harrison Reynolds, he hecho un milagro.
-¡Y yo soy el Papa!-exclamó su padre-¡Anda baja de ahí, hija mía!
-¡Que no papá! Tengo que contaros una cosa. Bueno, mejor dicho, tengo que mostraros una cosa- y entonces, señaló a Nancy- Os presento a la nueva y mejorada Violet.
Nancy se señaló a si misma como diciendo “¿Yo?”.
-¡No, tu no, Nancy!- exclamó Dorothy- ¡La chica que se esconde detrás de ti!
Sí. Ese era mi escondrijo: Nancy.
Como ya me empezaba a acostumbrar a mis “entradas espectaculares” no me costó mucho salir de detrás de mi amiga.
Todo quedó en un silencio sepulcral. “¿Para que existen los silencios incomodos?” me pregunté “¿Tienen alguna función importante en la vida, aparte de hacer que te pongas de los nervios?”.
Pero por fin, Bob exclamó:
-¡Está preciosa!
-¡Y que lo digas!-le acompañó James.
“Se nota que esos dos son los mejores amigos” pensé.
Y todos se abalanzaron sobre mí. Estuvieron como diez minutos haciéndome cumplidos. Que si “¡Que cambiazo!”, que si “No te reconozco”, etcétera, etcétera, etcétera.
Todos, menos Charlie. Como siempre, tenía que ser diferente a los demás. Y era el del que más quería un cumplido. “Que guapa estás, Violet” ¡¿Tan difícil era?! ¿No se suponía que era mi mejor amigo?
“¡Hombres!” pensé.

El reloj de la entrada dio las doce.
Bob, Susan, Charlie y yo nos despedimos uno a uno de los invitados.
Los últimos en irse fueron Michael y Dorothy.
Yo le di un abrazo a Dorothy y se fue.
Michael le dio un codazo a Charlie y me señaló con la cabeza. Charlie no dijo nada. Simplemente miró al suelo. Michael movió la cabeza de un lado a otro. Dijo adiós y se fue.
Otro “¡hombres!” recorrió mis pensamientos.
Acto seguido subí a mi habitación que se encontraba en el segundo piso.

Por más que buscase en la maleta de viaje que había traído con lo indispensable para quedarme tres semanas en casa de Charlie, solo encontré un pijama: uno rosa con conejitos estampados. Un poco infantil. Pero, de todas formas, solo lo usaría para dormir. ¿Quién me iba a ver?
Me puse el pijama y me metí en la cama. Lo único que quería era dormir. Había sido un día muy largo. Pero tocaron a la puerta.
-Adelante- dije.
Esperaba que por la puerta apareciera Susan. Antes de que subiera a mi habitación, me había dicho que subiría a verme después. Pero el que entró, fue Charlie.
Llevaba unos pantalones a rallas y una camiseta blanca. “Hasta en pijama está guapísimo” pensé “¡Y yo con mi estúpido pijama rosa con los estúpidos conejitos estúpidamente estampados!”.
-Hola-dije (por decir algo porque lo que en realidad quería era gritar).
-Hola-contestó Charlie caminando hacia a cama-¿Puedo sentarme?
-Claro.
Me eché a un lado para dejarle espacio sobre la cama. Él se sentó. Mejor dicho, se tumbó directamente. Parecía estar cansado. Cerró los ojos y se quedó en silencio.
Yo también me tumbé y cerré los ojos. Y así estuvimos durante, al menos cinco minutos. Entonces Charlie habló:
-¿Puedo preguntarte algo?
-Lo que quieras.
-¿A que ha venido el cambio de look?
-¿Por qué lo dices? ¿no te gusta?-y mientras decía esto me iba acercando a él.
-S..sí… claro que me gusta. Es solo que…-Charlie estaba rojo como un tomate y cada vez que yo me acercaba él se alejaba.
“¡Como me gusta ponerle nervioso!” pensé riendo por dentro.
-Es solo que ¿Qué?
-P…pues…
Pero todo tiene un final. Y como todo tiene un final, Charlie encontró el final de la cama.
Se levantó del suelo, enfadado, y se apoyó contra la pared. Yo no pude evitar reírme.
-¿Estás bien?-le pregunté intentando parar de reír.
-No, no estoy bien. Te ríes de mí.
-Bueno, tienes que admitir que ha tenido su gracia.
Me levanté y me acerqué a él. Ya no reía. Charlie estaba enfadado de verdad.
-¿Por qué no te gusta mi cambio de look? Enserio.
-¡Sí que me gusta! Es solo que…-entonces me acarició la mejilla- que creo que no necesitabas un “cambio de look”. Me molesta que hayas pensado que lo necesitabas. Porque no es así.
-¿Tu crees?
-No, no lo creo. Lo sé. ¡En todo caso el que necesita un cambio de imagen soy yo!
-¡Eso no es verdad! ¡Tu estás muy bien!- e instintivamente pasé mi mano por su pelo- Pero que muy bien.
Nuestros ojos se encontraron. No pude hacer nada para impedir el hundirme en sus ojos inmensos ojos verdes.
Tampoco pude impedir que él pusiera sus manos en mi cintura ni que mis manos se entrelazaran detrás de su cuello.
Cerré los ojos y me dejé llevar por el destino. Dos centímetros me separaban de él cuando…
-¿Violet quieres un vaso de le…?
Susan había irrumpido en la habitación. Charlie y yo necesitamos cinco segundo para reaccionar y separarnos dos quilómetros (por lo menos).
-¿Interrumpo algo, chicos?-preguntó Susan con una mirada pícara.
-No…no mamá…solo estábamos hablando-balbuceó Charlie.
-Ya, hablando. Chicos yo ya he sido adolescente y cuando tenia vuestra edad yo…
-Vale, mamá. No queremos saberlo.
-Bueno. Pues nada. Os dejo…a solas.
Y se marchó de la habitación.
Todo quedó en silencio. Estaba, roja no, lo siguiente.
-Yo también me voy-dijo Charlie.
-Vale. Buenas noches.
-Buenas noches.
Me quedé sola. En esa habitación.
¡Ni siquiera nos habíamos mirado al despedirnos!
El destino puede ser tan cruel a veces. Pero lo peor, es que no puedes hacer nada para evitarlo. Si el destino no quiere, no quiere.
Me tumbé en la cama boca abajo. Una lágrima. Dos. Tres. Y a los dos segundo, miles.

Pregunta de examen: 
¿Qué duele más?
a) Quemarte vivo.
b) Clavarte mil cuchillos.
c) Arrancarte los ojos.
d) Un amor no correspondido.
e) Un amor correspondido pero imposible.
Dejad las respuestas en los comentarios (y no vale dejar la pregunta en blanco). Cuenta para la nota de la segunda evaluación ;)

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Amiga mía... ¡¿Qué es lo que no entiendes con "no vale dejar la pregunta en blanco"?! Pero gracias de todas formas por poner un comentario :)

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  2. Para mi lo que mas duele un amor correspondido pero imposible :D

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