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domingo, 12 de febrero de 2012

Cuentan por los pasillos...

Ya dije que en mi instituto se cuentan muchas historias. Que ponga esta no quiere decir que odie a mis profesores. Me caen genial. Es porque me apetece que la lean y a ver si se atreven a quedarse hasta tarde en el instituto... (risa malvada)

El instituto estaba desierto. Eran las ocho y media de un frío 12 de enero de 2001. Fuera, el viento soplaba helado, con furia y pequeñas gotas de agua empezaban a caer tímidamente. Pero nadie negaba que pudiera convertirse en tormenta.
Los profesores acababan de terminar una pequeña reunión improvisada sobre el descenso del rendimiento de algunos alumnos de primero de la ESO. Algunos era bastante duros de mollera, pensaban ellos. Pero nunca lo dirían en voz alta. Bueno, algunos sí. Pero no nos desviemos del tema.
Acababan de recoger sus cosas para marcharse a casa de una vez. Incluso para ellos, el instituto por la noche era escalofriante. Pero, igual que lo anterior, nunca lo dirían en voz alta.
En las zonas de pasillo  por donde a esas horas no pasaba ni una mosca, se apagaban las luces. Podrías imaginarte lo que hay en la inmensa oscuridad pero…¿irías a comprobarlo? Ellos tampoco. De hecho, no querían ni imaginárselo. Por eso, al salir del aula, procuraron no mirar a su derecha.
Hablando animadamente se dirigieron a la puerta de salida. Ese sería el fin de una larga jornada. El profesor de Educación Física, se dispuso a abrir la puerta. Pero para su sorpresa y la de los demás presentes, estaba cerrada.
-¿Quién tenía que avisar al conserje de que nos quedábamos hasta tarde?-preguntó.
-¡Pero si lo hice!-exclamó la profesora de Inglés- Se le habrá olvidado.
-Muy bien- intervino la profesora de Sociales- ¿Y ahora que hacemos?
No había terminado de decirlo cuando un "clac" se oyó y acto seguido, todas las luces del centro que aun estaban encendidas, se apagaron a la vez.
-¡Genial!-exclamó la profesora de Música-¡Atrapados y a oscuras!
-No perdamos la calma- intervino el profesor de Naturales.
-Exactamente-dijo la profesora de Sociales mientras respiraba hondo- Sacad todos vuestros móviles para iluminarnos un poco. Mientras yo llamaré al conserje.
Todos estuvieron de acuerdo y sacaron sus móviles. La profesora de Sociales, buscó en su agenda de contactos el número del conserje. Al encontrarlo, pulsó el botón de llamada. Aunque no fue la voz del conserje lo que escuchó precisamente…
La canción "Thriller" de Michael Jackson retumbó por los pasillos haciendo que los corazones de los profesores se aceleraran de repente.
-¡¿"Thriller"?!-exclamó la profesora de Matemáticas-¡¿Ahora?! ¡Esto tiene que ser una broma!
Los profesores se dirigieron como una manada hasta el lugar de donde provenía la, ahora inapropiada, canción.
El sonido provenía del aula en la que habían tenido la reunión. "¿Cómo puede ser?" pensaron todos a la vez. Lo habrían dicho en voz alta, pero el miedo no les dejaba hablar.
Con mano temblorosa, el profesor de Naturales (al que habían "dejado" ir el primero) abrió la puerta.
El aula estaba a oscuras. Solo la luz de un móvil que siguió sonando encima de uno de los pupitres hasta que la profesora de Sociales detuvo la llamada, iluminaba la estancia. Todo parecía normal (bueno, todo lo normal que puede ser en una situación como aquella) pero… ¿por qué la luz que salía del móvil era roja? ¿Es que era un móvil muy moderno? Eso hubieran querido ellos. Pero cuando la sinfonía del rey del pop se detuvo, el ruido de unas gotas cayendo, sumado al color rojo que bañaba la pantalla del móvil, hicieron temer lo peor a nuestros protagonistas.
El profesor de Naturales, apuntó con el móvil al techo para comprobar si sus temores eran ciertos. Todos ahogaron un grito al ver lo que había colgando del techo.
No, definitivamente, el conserje no se había olvidado de ellos. Se había quedado para esperarles. Y ese había sido el peor error de su vida.

Estaban sentados en círculo sobre el suelo, delante de la puerta de entrada. Los móviles en el centro del círculo le iluminaban.
El único ruido que se escuchaba, era el del propio silencio. Nadie decía nada porque no había nada que decir. Lo que todos querían en ese momento, era olvidar aquella horrible imagen de sus cabezas. Pero cuanto más intentaban olvidar, más recordaban.
Fuera la tormenta había empezado. Los relámpagos iluminaban el negro cielo y los truenos parecían burlarse de los profesores, asustándoles con sus ruidosas carcajadas.
-Tenemos que salir de aquí-dijo el profesor de Plástica, levantándose. 
-¿Y cómo quieres que lo hagamos?-preguntó la profesora de Lengua- Las puertas están cerradas y las llaves seguramente están en Secretaría, que también está cerrada.
-¿Y no podemos llamar a la policía?
-Ya lo he intentado- contestó la profesora de Sociales.
-Sí, y yo también- intervino el profesor de Naturales- y es inútil. No hay cobertura, seguramente por la tormenta.
Sí, por la tormenta. ¿Era eso lo que de verdad pensaba? ¿O solo lo decía para no parecer un estúpido diciendo lo que de verdad se le había pasado por la cabeza?
De repente, una ráfaga de viento les envolvió. ¿De dónde provenía? Parecía que del pasillo.
La profesora de Música no quiso decir nada, pero habría jurado que algo blanco corría entre las sombras. Y no era la única que lo había visto.
Un nuevo trueno les asustó. Las luces se encendieron y volvieron a apagarse al instante. 
Y con cada tintineo de las luces, una figura blanca de ojos negros y boca rojísima, se acercaba desde el pasillo hacia ellos.

Hoy, once años después, ese instituto está cerrado. 
El consejo estudiantil lo cerró por "motivos técnicos". Señalaron que le centro estaba en pésimas condiciones y que estaban a punto de quedarse en la quiebra. Todo mentiras, claro está, para no contar que encontraron al conserje decapitado, colgado del techo de una de las aulas. Que de los profesores que se encontraban en el centro esa noche, solo encontraron sus móviles. Y que el hombre al que su compañía telefónica le dio el numero de teléfono del fallecido conserje, recibe al llamada de un numero desconocido cada 12 de enero y al contestar, "Thriller", empieza a sonar.

4 comentarios:

  1. Tendrías que presentarlo a algún concurso de historias de terror. Mírate una web de terror que hay!! Muy bueno!!

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  2. Hola, este relato me lo ha recomendado Malén y me ha gustado mucho. Me ha recordado que cuando yo tenía tu edad o un poco menos también escribí algo parecido. En mi caso, metí en mi escuela unos zombis. Esos fueron mis primeros pinitos en la escritura y ahora me encanta seguir haciéndolo. Voy a colgar en La Web del Terror el enlace a tu relato para que la gente que ama el miedo lo lea. Sigue así, y llegarás muy lejos. Un saludo. Wiss

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  3. Que me sonrojo. Gracias a las dos por los comentarios. Me alegra ver que nadie se ha tomado muy a pecho que me haya cargado a los profesores. Ya he dicho que no es que los odie ni nada (aunque si que estoy enfadada con uno).
    Bueno que gracias y me voy a pasar por La Web del Terror a ver que tal.

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  4. Muy bueno el relato, Isabel :-) Pues no, nadie podría molestarse porque liquides a unos pocos profesores en la ficción :-P (aunque yo me habría cargado más bien a algunos compañeros molestos que tuve en el instituto, sobre todo los que se burlaban de mi corta estatura). Espero que sí te pases por La Web del Terror y te sumes a las convocatorias que se hacen ahí de vez en cuando, por diversión. Mañana nos cargaremos (literariamente hablando) el Día de San Valentín con unos cuantos cuentos de horror. ¡Buajajajaja! ¡Saludos! (Me he apuntado para seguir tu blog.)

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