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domingo, 13 de noviembre de 2011

La Princesa Espectral cap.5

¿He dicho alguna vez que odio los exámenes? No, ¿verdad? Pues lo digo ahora. Me ocupan muchísimo tiempo. Tiempo que podría utilizar para escribir en el libro. Bueno, da igual. Aquí esta la quinta parte de La Princesa Espectral. Que lo disfrutéis :) Por cierto, se lo dedico a mis papis.

Al llegar a mi casa sobre las tres y media de la tarde, todo era normal. De echo, demasiado normal. No se oía ni una mosca. Era extraño que mi hermano, Marc, no estuviera viendo la televisión. Ni tampoco se oía a mi padre roncar desde su habitación.
Dejé la mochila sobre el sofá y me fui a la cocina. Lo primero que vi fue que la mesa estaba puesta pero solo para una persona. En un plato había un filete con patatas bastante apetitoso. "Supongo que es para mi" pensé. Después me fijé en que al lado del plato había un trozo de papel escrito.
Hemos ido a comprar con tu hermano. La comida está servida. 
Llegaremos un poco tarde porque seguro que tu hermano querrá
montar en el tiovivo un par de veces. Y ademas yo quiero ir 
a visitar a la abuela y tu padre también.
Te quiere, Mamá.
Típico de mis padres. Ellos se van de fiesta con mi hermano y yo me quedo sola en casa. Sola, con la tele solo para mi, con una nevera llena a mi disposición, si nadie (Marc) que me cambie de canal porque quiere ver "Bob Esponja"… ahora que lo pienso no esta tan mal quedarse sola. Pero que nada mal. 
Después de haberme comido el filete (estaba de rechupete) me dispuse a ver Monster Necklace. Solo faltaban unos minutos para que empezara. El tiempo justo para prepararme un bol entero de palomitas. Hecho esto me senté en el sofá y me preparé para disfrutar de mi serie favorita."Cinco…" me dije a mi misma "…cuatro…tres…dos…"
-Y ahora…-empezó a hablar la voz que presenta las series en Disney Channel-…Art Atack.
Mi mente no reaccionó y por lo tanto, mi cuerpo tampoco. No pude evitar que se me cayera el bol de palomitas al suelo. Sentía como si me hubiesen apuñalado justo en el centro de mi, ahora roto, corazón.
-¿Uno?- dije antes de romper a llorar.
No me lo podía creer. Primero, Ezequiel desaparece en ese callejón y después desaparece Monster Necklace. ¿Que estaba pasando?¿Es que el mundo se había vuelto aun más loco? 
Apagué el televisor y me fui a mi habitación sin pensar en la bronca que me iba a echar mi madre cuando viera todas esas palomitas tiradas por el suelo. En ese momento no pensaba en nada. Me había convertido en una especie de zombie. Ni siquiera podía andar. Me iba arrastrando como si estuviera a punto de desmayarme. De echo lo estaba. Pero estaba intentando encontrar fuerzas para hacerlo sobre mi cama. Pero fue imposible. Justo antes de abrir la puerta de mi habitación me desplomé en el suelo. No tenia fuerzas ni ánimos para levantarme. Y todo se quedó oscuro.
Mientras estaba en ese trance, soñé que Charlie (el protagonista de Monster Necklace) estaba luchando contra Stromboli (el malo maloso de la serie), que tenia agarrada a Violet (la coprotagonista y mejor amiga de Charlie) del cuello y la apuntaba con su varita mágica.
-Corpus Translatum- dijo Stromboli.
Y Violet desapareció. Charlie cayó rendido al suelo y empezó a llorar. Después todo se fundió en una luz blanca que me envolvía. Era cálida y maternal. Me acariciaba y me decía "Lisa, vuelve conmigo" con una voz muy parecida a la de mi madre. Era muy parecida a la de mi madre porque era mi madre quien lo decía.
Al despertar, lo primero que vi, fue a mi madre llorando y sujetándome la cabeza.
-¡Sergio!¡Ven se ha despertado!-gritó mi madre (Sergio es mi padre)- Tranquila mi amor, te pondrás bien.
Esperaba que así fuera, porque en ese momento, me sentía como si hubiera estando dando vueltas sobre mi misma. Lo veía todo borroso, aunque pude distinguir a mi padre subiendo a toda prisa las escaleras.
-¿Que te ha pasado, cielo?-dijo mi madre entregándome un vaso de agua, mientras mi padre me ayudaba a levantarme.
-Pues que…después de comer me fui a mirar Monster Necklace y…y…-rompí a llorar solo con pensar lo que estaba a punto de decir y ya no fui capaz de articular las palabras.
Aunque mi padre pareció comprenderlo porque soltó un "Oh". Mi madre me abrazó y dijo:
-Lo siento mucho, Lisa. Se que era tu serie favorita. Pero no hay porque llorar por eso. Es una tontería.
Mi padre se dio un manotazo en la cara como diciendo: "la que ha liado…". Y tenia razón.
-¡¿Un tontería?!-grité mientras apartaba a mi madre de mi-¡Monster Necklace no es ninguna tontería, mama!¡¿Como has podido decir algo así?!
Dicho esto, me encerré en mi habitación. Me tiré encima de la cama y empecé a llorar de nuevo. Mi madre no me entendía. Ni tampoco quería hacerlo. Aunque, la verdad era que, en parte, tenia razón. Era una ridiculez llorar por una simple serie de televisión. Pero esa simple serie, era lo único por lo que seguía viviendo. Era lo único que de verdad me hacia feliz. No sabia porque. Pero así era. Mi felicidad, mi vida, mi alma, mi corazón… todo mi ser, dependía de esa serie. Cosa que a todo el mundo le parecía una ridiculez. De echo, a veces, hasta a mi me lo parecía. 
En ese mismo momento, tumbada en la cama, llorando desconsoladamente, me parecía ridículo. Pero no podía parar de llorar. Me habían roto el corazón. Y nada puede curar un corazón roto, salvo llorar y llorar. 
Pero entonces me asusté. Me asusté de verdad. El aire no me llegaba a los pulmones. No sentía los latidos de mi corazón. No podía moverme. Ni respirar. Nada. Aunque aún podía ver. 
Intenté gritar a mis padres, pero no pude. Me había quedado sin voz. "¿Que me está pasando?" me pregunté. Durante un momento pensé que había muerto. Que había muerto por culpa de Monster Necklace. Solo lo pensé. Pero cuando una luz blanca apareció ante mis ojos y me engulló entera, me lo creí.

Pronto sexta parte.

2 comentarios:

  1. MMMMM A ver si te enganchas a más series... aunque no deberían causarte la muerte... el verdadero problema aparecerá, no cuando la quiten de la tele (la puedes descargar) sino cuando dejen de rodar
    -dibujar- episodios... Me ha pasado alguna vez llorar al saber que aquellos personajes habían muerto, que ya no seguirían sus peripecias y que vivirían encerrados en bucle de repeticiones.

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